Maddalena Celano – 5 de enero de 2026
Ya no se trata solo de una cuestión de bandos políticos o de afinidades revolucionarias. Lo que estamos presenciando, desde los pasillos del Air Force One hasta los escombros simbólicos de Caracas, es la transformación de la superpotencia estadounidense en un “Estado paria” de proporciones globales. Donald Trump no solo está amenazando a Cuba, Colombia o Irán; está declarando la guerra al concepto mismo de Derecho Internacional, sustituyendo la fuerza de la ley por la ley de la fuerza.
El matonismo como doctrina: Más allá de derechas e izquierdas
Las recientes amenazas de Trump han activado una alarma que trasciende las fronteras de la militancia. Incluso en los sectores liberales y en las instituciones internacionales que suelen ver a Washington como un garante, crece el terror ante una presidencia que considera los tratados como papel mojado. Cuando Trump amenaza a Colombia calificando al presidente Gustavo Petro como un “hombre enfermo” y a su país como una “fábrica de cocaína” para justificar una intervención militar, o cuando declara que Cuba está “lista para caer” bajo el peso de un asedio ilegal, está violando el principio fundamental de la Carta de las Naciones Unidas: la soberanía nacional.
Las críticas más feroces provienen ahora incluso de analistas que definen esta política como la “Putinización de la política exterior de EE. UU.”. Se trata de un ejercicio de poder desnudo, carente de cualquier justificación legal, que transforma a los vecinos en protectorados y a los socios en súbditos. Incluso los liberales más moderados denuncian que Trump está destruyendo ese “orden basado en reglas” (rules-based order) que, aunque imperfecto, garantizó una apariencia de estabilidad durante décadas.
La violación sistemática de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional
El ataque a Venezuela, que ha culminado con la profanación de lugares sagrados y el vilipendio de sus símbolos —como la tumba de Hugo Chávez—, es la prueba fehaciente de un sadismo que no se detiene ante nada. Trump actúa ignorando al Congreso, pisoteando la Ley de Poderes de Guerra (War Powers Act) y tratando los recursos naturales de otros países —como el petróleo venezolano— como botín de guerra personal.
* Contra Irán: Amenazar con “golpes durísimos” ante disturbios internos es una injerencia ilegal que ignora la soberanía estatal y los protocolos de resolución de conflictos.
* Contra México: Ofrecer tropas para “eliminar a los cárteles” contra la voluntad de la presidenta Claudia Sheinbaum es un intento de ocupación disfrazado de ayuda, violando el principio de no intervención.
* Contra Cuba: Mantener el bloqueo y esperar su colapso es una estrategia de genocidio económico que viola las resoluciones de la Asamblea General de la ONU, aprobadas por la casi totalidad del planeta año tras año.
Esta prepotencia no es solo agresiva; es ilegal. Organizaciones de derechos humanos y juristas internacionales coinciden: el uso de aranceles como arma de chantaje contra México y Canadá, así como las amenazas de anexión de Groenlandia, violan los tratados comerciales y el principio de autodeterminación.
La geopolítica del caos
Estamos ante un líder que actúa sin frenos inhibitorios, alimentando una “lista de la compra” que se parece cada vez más a un plan de reparto colonial. Esta agresividad no solo aísla a los países atacados, sino que aísla a los propios Estados Unidos, empujando incluso a Europa y a las potencias asiáticas a mirar con horror a un aliado que se ha vuelto impredecible, violento y despótico.
La “lepra de la humanidad” no es solo un eslogan poético; es la descripción técnica de un poder que corroe los vínculos internacionales, que destruye la diplomacia y que deja en su lugar únicamente humo, amenazas y cenizas.
Conclusión: Un frente común por la legalidad
Hoy, defender a Cuba del asedio, a Colombia del chantaje y a Irán de las bombas significa defender la idea misma de que el mundo no puede ser gobernado por el capricho de un solo hombre. La prepotencia de Trump ha creado una paradoja: hoy, la resistencia de los pueblos oprimidos coincide con la defensa de las bases mínimas de la civilización jurídica internacional.
Si no detenemos esta deriva, si permitimos que el derecho internacional sea definitivamente sepultado en Caracas o en La Habana, viviremos en un mundo donde ya no existirá la ley, sino solo el alcance de los misiles.
Para profundizar en cómo estas amenazas afectan la estabilidad de la región y la respuesta de los líderes latinoamericanos, puedes ver este análisis sobre la reacción de Gustavo Petro y la soberanía de Colombia.
Este video detalla la postura firme de los gobiernos progresistas frente a las presiones de Washington y la importancia de la unidad continental en este momento crítico.
El monstruo ha dejado de esconderse tras la máscara de la “diplomacia”. Con la arrogancia de un depredador que se siente intocable, Donald Trump ha trazado los contornos de un nuevo orden mundial basado en el terror y el chantaje. La amenaza no está en el horizonte: está aquí, está dentro de casa, está en los barcos que patrullan las aguas del Caribe y en los drones que vigilan Oriente Medio. Cuba, Colombia e Irán están bajo asedio directo.
Cuba: el último baluarte contra el genocidio económico
La amenaza contra Cuba es la más cínica y despiadada. Trump espera la “caída” de la isla como un chacal espera el final de una presa exhausta.
Pero debemos ser claros: Cuba no está “cayendo”, Cuba está siendo asesinada lentamente.
El bloqueo ya no es una medida política: es un arma de destrucción masiva destinada a hacer colapsar la red eléctrica, a dejar los hospitales a oscuras, a vaciar los platos de los niños. El Imperio sabe que no puede doblegar ideológicamente al pueblo de Martí, y por eso ha decidido borrarlo físicamente mediante el hambre. Cada segundo que pasa sin un apoyo internacional concreto es un segundo concedido al verdugo para apretar la soga. La contrainformación cubana es heroica, pero las palabras no encienden las luces ni llenan los almacenes. Cuba necesita petróleo, tecnología y escudos ahora, o la historia nos pedirá cuentas por nuestro silencio.
Colombia e Irán: los blancos móviles del hegemón
Mientras Cuba es estrangulada, Colombia e Irán son amenazados con agresión armada.
En Colombia, el insulto a Gustavo Petro (“un hombre enfermo”) es el pretexto semántico para una intervención militar “necesaria”. El Imperio no tolera que su principal enclave en Sudamérica esté ahora gobernado por quien habla de paz y soberanía. La amenaza de una “misión similar” a la venezolana es una advertencia de sangre: Bogotá está en la mira.
En Irán, el pretexto es el alto costo de la vida, el mismo provocado por las sanciones estadounidenses. Es la paradoja extrema: el imperialismo incendia la casa y luego amenaza con bombardear a los bomberos porque no apagan las llamas con suficiente rapidez. Golpear a Irán significa incendiar todo Oriente Medio, y Trump ha demostrado no tener ningún escrúpulo moral para hacerlo.
La guerra cognitiva y el apagón de la verdad
El imperialismo está utilizando la tecnología para aislar a estos países. A través de los “juegos de palabras” de la guerra semántica, el Pentágono está preparando a la opinión pública mundial:
Transforman la Resistencia en “Terrorismo”.
Transforman el Hambre en “Crisis del Sistema”.
Transforman la Invasión en “Protección de los Derechos Humanos”.
Si no descolonizamos de inmediato nuestro lenguaje, seremos cómplices de la próxima masacre.
LLAMAMIENTO A UN PACTO DE ASISTENCIA MUTUA INMEDIATA
El peligro es grave, cercano e inminente: ¡ya no hay tiempo que perder!
No hay más tiempo para cumbres de rutina. Cuba debería liderar la creación de un Bloque de Supervivencia Continental y Transoceánico.
Movilización total de los BRICS y del Sur Global: Cuba debería solicitar oficialmente el envío de buques cisterna escoltados para romper el bloqueo. Cada barco que entra en La Habana es una trinchera contra el imperialismo.
Eje Teherán–Argel–Hanói: estos países deberían formar un consorcio energético y tecnológico de emergencia. Argelia puede aportar el gas, Irán la tecnología de defensa de las redes, Vietnam el apoyo a la producción alimentaria. Sin este respaldo material, la sola “solidaridad política” es una condena a muerte.
La unión de Colombia y México: Petro y Sheinbaum deben entender que si cae La Habana, sus democracias serán las siguientes.
Deben formar un escudo diplomático latinoamericano que haga que una agresión contra Cuba resulte demasiado costosa políticamente para Washington.
¡Despierta, mundo!
El sadismo depredador del Imperio no se detendrá. Después de la tumba de Chávez, querrán las cabezas de los vivos. Cuba es nuestra línea del Piave. Si permitimos que la Isla de la Libertad sea asfixiada, perderemos para siempre el derecho a hablar de dignidad.

Maddalena Celano
